lunes, 4 de noviembre de 2013

In media virtus

No puedo dejar de compartir aquí un texto del brillante Emilio Carrillo; texto el cual forma parte de su libro titulado "Amor: Vida y Consciencia". Disfrutadlo.

In media virtus

La visión dominante  -productivista, consumista, vacía de valores, antagónica a cualquier percepción trascendente y espiritual del ser humano-  ensalza el exceso como ninguna otra cultura o tradición lo había hecho antes. Es más: como si fuera lo más normal, en torno al exceso se ha configurado una retórica  -algunos pretenden que hasta una épica-  amplificada por la publicidad y los medios de comunicación. El exceso  -sea en acumular riqueza, o en ganar medallas olímpicas-  se ha elevado prácticamente a la categoría de heroicidad. Y los periódicos y los informativos, por ejemplo, no destacan el quehacer de los verdaderos héroes  -que hay muchos, multitud de hombres y mujeres, por todo el planeta y en los más diversos contextos-,  sino el "éxito" del "triunfador", que suele ser un señor o señora que aporta mucho a si mismo y casi nada a los demás.

Por supuesto, el sistema económico vigente tiene que ver con ello. La Economía-Mundo lo contamina todo con su aroma mercantilista y sus reglas del comercio sin alma: poco importa el verdadero valor de las cosas  -valor intrínseco o de uso, en terminología económica-,  y todo se reduce a su precio  -valor de cambio y, a menudo, especulativo-. Es una auténtica subversión del orden natural de valores.

Para materializarla, se promueve una visión que mira siempre al mañana, a lo que pueda deparar el futuro, jamás al presente. El objetivo es obvio: que al colocar la mirada en un futuro virtual y frecuentemente quimérico, no observemos la realidad tal cual es. Todo nos alienta a plantearnos constantemente metas y retos para el mañana, sin capacidad de crítica, sin saber de verdad si son los nuestros o los que nos imponen, sin mirarnos nunca al espejo del hoy, de lo real.

Igualmente se nos anima a transgredir límites y fronteras. Y a esto se le llama disfrutar de la vida. A costa de lo que sea, incluso de nosotros mismos y nuestra auténtica identidad; y sin conocer por qué y para qué.

De este modo, se nos llena la mente de ruido, del ajetreo incesante provocado por la velocidad de un mundo "en progreso", "en avance", aunque nadie sepa bien hacia dónde. Todo vale, en definitiva, con tal de que no tengamos la mente limpia, libre, quieta, que es lo que nos permitiría conectar con nuestro Yo Verdadero, con nuestra dimensión profunda y divinal, logrando que Él y no el pequeño yo  -el ego-  tome el timón de nuestra existencia.

Casi nadie se sorprende por tanto dislate, aunque, paradójicamente, nos escandalizamos cotidianamente ante los nocivos efectos e impactos, individuales y colectivos, de tanta proclama aparentemente rompedora.

Nos hemos acostumbrado al cómodo ejercicio de seguir la corriente, transitando por la vía rápida de los extremos y renunciando a lo que Aristóteles definió y defendió como el "justo medio" ("in media virtus"), lugar de excelencia, según él, para la ética y la razón. De esta forma, el equilibrio está quedando, poco a poco, fuera del alcance de cada persona y de la sociedad. La propia crisis socioeconómica actual está íntimamente conectada con este hecho y esta concepción de las cosas.

Eso sí: afortunadamente empiezan a ser numerosos los seres humanos que se han percatado del desatino, y comienzan a enderezar sus vidas, no por el "sendero del miedo" al que nos arrastra sin remisión la visión imperante, sino por el aristotélico "sendero del medio". En él prima la moderación y el sentido común en la delimitación y cobertura de nuestras necesidades; se saborean las pequeñas cosas y los detalles, con alto valor de uso, pero bajo valor de cambio, así como el ahora, el presente, comprobando que es el único sitio donde la vida realmente existe; se buscan y se hallan espacios para el encuentro interior y experiencias de silencio; se constata que la transformación interior es la llave del cambio social y que se precisan ojos nuevos para lograr un mundo nuevo; se incrementa el compromiso con la Naturaleza y el planeta: nuestro gran hogar; y se disfruta por compartir con los demás y practicar un Amor cada vez más Incondicional.

En última instancia, la elección no es entre felicidad o no. Todo el mundo, sin excepción, quiere ser feliz. La clave radica en lo que se entiende por felicidad. Y aquí sí que hay que optar: entre un modelo de felicidad ajeno a nosotros  -impuesto: el que interesa a la visión y sistema vigentes-, y la felicidad tal como la vemos y percibimos: honesta, sincera y conscientemente desde nuestro interior.

La experiencia de los triunfadores, de los rompedores y de los que se aplican un modelo de felicidad ajeno a ellos mismos, nos indica con rotundidad lo que les espera al final del camino: frustración, insatisfacción, nostalgia sin objeto, estrés, depresión. La experiencia de los que han optado por el  "in media virtus" también es contundente: una felicidad equilibrada, duradera, armoniosa y hasta contagiosa.

¿Crees que esto último no es posible? Pregunta a las personas anónimas que marchan ya por el "sendero del medio". Observa a tu alrededor. Seguro que las hay muy cerca de ti.

Dualidad

Entonces me miró con afecto y me dijo:

Muchacho, debes saber algo.

En la medida en que creas en el éxito y el triunfo, en esa misma medida, creerás en el fracaso y la derrota.

En la medida en que creas que necesitas de algo o de alguien para ser feliz, en esa misma medida, serás un desgraciado si no lo consigues. Y aún en el caso de conseguirlo, sufrirás por el temor a la pérdida.

Ten muy en cuenta esto, pues tú eliges lo que quieres ver.

martes, 29 de octubre de 2013

Presente

Después de tantos años me acabo de percatar de que no uso los ojos. No los uso, cualquier ser, objeto o situación que cruza por mi vida no lo veo; no tal cual es. Me he dado cuenta de que lo que veo en realidad son ideas, pensamientos, ilusiones...

No me cruzo con esa chica, me cruzo con mis pensamientos sobre ella; no veo el tigre, veo mis pensamientos sobre él; no observo a mi amigo, observo mis ideas acerca de él.

¿Y yo me llamaba libre? ¿Cómo ser libre si me aprisiono de tal forma? Cuán importante es para alcanzar la libertad ver las cosas tal cual son, desde el momento presente, que es el único que existe, el único que tenemos, donde lo eterno se desenvuelve.

Desprenderme de todo juicio y dejarme sorprender, ya que cada momento de la vida es la primera vez que lo vivo y no puede ser definido. Relacionarme con el mundo y no con las ideas y pensamientos que tengo acerca de él. Dejar de usar las lentes del pasado y de tomar la droga del futuro para así ver con claridad el único lugar donde la vida se desenvuelve: el presente.

Tener, en definitiva, ojos nuevos para un mundo nuevo, libre de cadenas.

domingo, 27 de octubre de 2013

Un pañuelo rojo

Una pequeña y vieja caja de madera en forma de cofre. Dentro, un pañuelo rojo. Así de simple y rotundo. Ahora puedo enterrar esta caja lejos, muy lejos, y profundo, muy profundo, en los abismos del mismísimo fin del mundo. Es más, podría pedirle a alguien que lo hiciese por mí y desconocer así la ubicación de la misma. En ambos casos da igual, ya lo intenté y da igual.

Es el precio de la pregunta, que tarde o temprano la respuesta llega. Y si la abrazas y aceptas transforma toda tu realidad. Ya lo dijo el bueno de Einstein: "La mente que se abre a una nueva idea, jamás volverá a tener su tamaño original". Que certeza.

Esté donde esté la caja ya conozco su contenido. Soy incapaz de ignorarlo, pues ese pañuelo rojo lo cambia todo. Así lo elegí, y la incomprensión y desidia de mis semejantes me visitó. Así lo elegí, y otros buscadores aparecieron en mi vida para caminar junto a mí. Así lo elegí, y el ego, en su insoportable levedad, puso ante mí todo mi orgullo, mis miedos y mis anhelos.

Un pañuelo rojo dentro de una vieja caja. Un pañuelo rojo que ni sé ni quiero olvidar.

lunes, 21 de octubre de 2013

Hablemos de espiritualidad



Jesús, Buda Gautama y los demás Budas, Hermes Trismegisto, Lao-Tsé, Al-Hallaj, Muhammad Rumí, Mahoma, San Agustín, San Francisco de Asís, San Juan de la Cruz, Teresa de Calcuta, místicos y místicas americanos.... Y cuantos me dejo en el tintero.

Todas estas personas tienen algo en común, y es que a lo largo de sus vidas lograron un estado conciencial o de “iluminación” que les permitió ser conscientes de la esencia de la realidad, esa misma de la que hoy formamos parte. No deja de sorprenderme que todos ellos, aún separados física y temporalmente entre sí, llegaron mediante sus vivencias e introspección a las mismas conclusiones; todas ellas basadas en el Amor.

Cierto es que condicionados por su entorno sociocultural le dieron distinto nombre a aquello a lo que se referían, por ejemplo: Dios, Alá, Tierra Pura, Tao, Naturaleza, Energía, Fuente y tantos otros. Sus seguidores interpretaron sus enseñanzas, humanizándolas y encorsetando la espiritualidad, dando a luz así a las distintas religiones y sectas. Estas religiones o sistemas de creencias pusieron límites a la espiritualidad del ser humano, haciéndonos creer que debíamos regirnos por ciertos dogmas para ser aceptados por ese Dios exterior. Todo ello enfrentó y enfrenta al ser humano, consecuencia esta de ver únicamente la forma y no el fondo.

Como he mencionado, me impresiona sobremanera como hombres y mujeres que no coincidieron entre si física ni temporalmente llegaron a idénticas conclusiones. Y todavía me impresiona más el hecho de que la física cuántica más vanguardista esté demostrando, mediante la teoría de cuerdas o el principio holográfico por ejemplo, enseñanzas místicas datadas algunas de ellas en el año 2000 a.C. como pueden ser las leyes herméticas.

¿Todo lo que existe es lo que percibo con mis sentidos? ¿Soy lo que veo, pienso y siento? ¿Qué sentido tiene el sufrimiento? ¿Todas las personas denominadas místicas son simplemente dementes? ¿Qué ganan estas personas manifestándose como tal, siendo que históricamente han sido repudiadas, vejadas, desterradas e incluso asesinadas? ¿Los miles de testimonios de fenómenos paranormales o experiencias de tránsito son simplemente nada? ¿Qué sentido tiene esta realidad?


Siempre he creído que una buena pregunta es mejor que una buena respuesta, y las anteriormente formuladas son algunas de las que me motivaron y me motivan para profundizar y vivir la espiritualidad, para buscar un sentido más amplio de la realidad. Creo que hemos tenido y tenemos muchísimos clichés y prejuicios al hablar de este tema a causa de las religiones y sus luchas intestinas, pero también creo que ya es momento de remover esas viejas ideas y sacudir el polvo, empezando a preguntarnos el porqué de asuntos más íntimos y trascendentales, siempre desde una total libertad y el respeto propio y hacía los demás.

"Hemos estado completamente equivocados. A lo que le 
llamamos materia es sólo energía, cuya vibración ha sido 

reducida a un nivel perceptible por nuestros sentidos". 


Albert Einstein (1.879 - 1.955 d.C.)


"La idea de un Dios exterior, ajeno a nosotros mismos, y la búsqueda del bienestar en el exterior, fuera de nosotros mismos, son origen y causa del sufrimiento humano".

Nagual


"Nada reposa; todo se mueve; todo vibra".

El kybalion (Resumen de la filosofía hermética datada en 2.000 a.C.)


"Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos construimos el mundo"

Buda


"Y Él les dijo: Por vuestra poca fe; porque en verdad os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: "Pásate de aquí a allá", y se pasará; y nada os será imposible".

Mateo 17:20