viernes, 22 de mayo de 2015

La taza

Vuelvo a estar aquí. En medio de una situación que no elegí vivir. Esta vez me acompañan en la mesa dos hombres de negocios, uno de ellos unos veinte años mayor que el otro, ambos forzando la simpatía.

Si fuese la primera vez que vivo esto quizás diría que están fijando las condiciones de una inminente compra en el que el más joven adquiere la empresa de su contertulio. El potencial vendedor se muestra humilde, cansado ante la vida y pasando el relevo a la generación más joven, pidiendo honestamente la cantidad justa por el fruto de su trabajo, mostrándose más que satisfecho por el descanso que al fin le otorga su jubilación. Por otro lado, el comprador se percibe impaciente, ansioso. Desea firmar ya la tan esperada venta. Sus ojos le muestran el dorado en forma de papel impreso, sus manos sudan y el bolígrafo le baila entre los dedos. Su firma en ese papel equivale a echar al viejo león a dentelladas y, por supuesto, quedarse así con su vasto territorio y su nutrido harén.

No obstante, y dada mi dilatada experiencia en el ámbito de la sobremesa, puedo afirmar que la situación que acontece deja mucho que desear a lo que en realidad se mueve en las profundidades. Al menos en una de las partes.

El joven y vigoroso león es trasparente pese a sus intentos de ocultarlo. Sus intenciones son claras. En cambio, el aparentemente cansado y resignado vendedor está a punto de pagarse su retiro a lo grande. Tras esa máscara de conformismo y desinterés subyace el envenenado ardid que lo catapultará al disfrute de sus últimos años, quizá en Chamonix o el Caribe, quién sabe. En el preciso instante en el que se firme la venta, y a través de un mensaje de móvil, se realizará la trasferencia de una importante cantidad de dinero a su cuenta bancaria, a cambio, por supuesto, del traspaso de toda su cartera de clientes a sus antiguos y, en breves momentos, más competitivos rivales empresariales.

El truco no deja de ser ingenioso; la competencia le paga por información y un ambicioso e inexperto joven le compra una empresa abocada al fracaso. Chapó. Me quitaría el sombrero si pudiese llevarlo.

A pesar de todo, y sin desmerecer la situación que acabo de narrar y en la que me hallo inmerso ahora mismo, prefiero por mucho cuando la suerte tiene el capricho de colocarme en tertulias de bellas mujeres, en las que suelo salir bien sobado y manchado de pintalabios la mayoría de las veces.

Sí, ser una taza y vivir en un céntrico café podría tildarse incluso de trepidante, y perdonadme si os parezco arrogante, pero de verdad os digo que si el novelista que en ocasiones me toma tuviese más en cuenta la opinión de un servidor, dejando de tratarme como un viejo e inerte utensilio de mesa, no tendría necesidad de financiar el colchón que se compró hace dos semanas.

lunes, 14 de julio de 2014

Si iba o venía


"Parece que fue ayer, no era más que uno más, una persona anónima. Cuando hacía con mi vida lo que más me apetecía sin que a nadie le importara si iba o venía, la apariencia que tenía, el polvo que mordía, quién era la chica que mi boca comía".

Jarabe de palo.


martes, 8 de julio de 2014

viernes, 27 de junio de 2014

El diablo poeta


Tanto la amaba, tan fuera de su alcance la veía, que hizo un trato con el ser más pasional y dramático que ha visto la creación. Tanto la amaba que aquella noche lo invocó, y aquel polvoriento y destartalado salón fue testigo de su presencia. Tanto la amaba que el diablo poeta apareció.

El trato era sencillo. El diabólico ser condenaba al apasionado conquistador con la maldición de todo poeta; un corazón de más. A cambio, ella se enamoraba perdidamente de él.

El galán conocía sobradamente los riesgos de tal pacto. Sabía que a partir de ese momento sus emociones se desbordarían sin control alguno, sabía que se haría amante de los extremos, sabía que viviría y moriría por amor. Lo sabía, pero en su mente sólo estaba ella.

Por otro lado, el diablo poeta sonrío satisfecho. Eran las pasiones exacerbadas, los dramas y las profundas melancolías aquello que lo nutrían y lo mantenían con vida. Conocía bien cómo terminaría la historia, lo había visto miles de veces. Célebres obras se escribieron inspiradas en las consecuencias de sus fatales tratos.

Fue así como aquella noche, en aquel preciso instante, tuvo lugar el inicio y el final de su intensa historia de amor.

miércoles, 25 de junio de 2014

Fotografías


Hizo mil y una fotografías, pero ninguna captó lo que él veía.
Cada persona vio en las imágenes cosas distintas.
Bien es cierto que todos estaban de acuerdo en las formas.
No obstante, ninguno lo estaba en el fondo.

Luego llamó a las fotografías pestañeos.
Luego llamó al mundo formas.
Luego llamó a la vida fondo.

Más tarde, tomó conciencia de su condición de fotógrafo.
Fue entonces cuando vio lo que quiso ver.

Así vivió.