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lunes, 5 de septiembre de 2011

"Tella, Dios me guarde de ella"

El antiguo refrán que da título a esta entrada es el que salía, hasta hace no mucho tiempo, de la boca de los habitantes de la hermosa comarca oscense del Sobrarbe; refrán éste que hace referencia a una de las más hermosas villas del Pirineo central, Tella, antaño bien conocida, o a decir verdad mal conocida, por ser el centro neurálgico de la brujería pirenaica, llegándose incluso a calificar como origen de la brujería europea.

Ha sido precisamente su aislamiento, ya que se ubica en lo más profundo del Pirineo aragonés, el que propició que esta villa obtuviese la fama de pagana, ya que ni la propia religión católica caló en ella hasta tiempos recientes. Por ello, los habitantes de Tella fueron creando durante siglos una serie de creencias, íntimamente ligadas a la naturaleza, que les permitían creer por ejemplo que el granizo no dañaría sus cosechas o que las mujeres serían fértiles, además, gracias a su contacto directo y continuo con la madre tierra elaboraron cientos de remedios naturales para males determinados, tanto físicos como psíquicos.

Todo esto creó un rico folclore en la villa, folclore que sería calificado de pagano por la iglesia católica y que poco a poco sería desvirtuado por la misma. Dicha iglesia se empeñó decididamente en purificar Tella, hecho éste que la llevó a levantar en sus inmediaciones tres ermitas, algo muy extraño de ver tratándose de un pueblo tan pequeño. No obstante, las ermitas son sólo aquello que nos recuerda, cuando visitamos la villa, que la caza de brujas por parte del Santo Oficio fue continua e intensa, ya que Tella ostenta el dudoso honor de ser uno de los pueblos españoles que ha sufrido más ajusticiamientos en proporción a sus habitantes.

Por suerte, hoy en día sabemos que aquellas personas (sobretodo mujeres, aunque existen casos de hombres) que eran etiquetadas de brujas y culpadas por desgracias ajenas, tan sólo eran personas que conocían cada planta y animal de su entorno y les daban uso para satisfacer sus propias necesidades. Todo lo demás, desde los aquelarres donde las brujas mantenían relaciones sexuales con satanás hasta los males de ojo que perjudicaban el cultivo de algún vecino no son, ni más ni menos, que esfuerzos de la iglesia católica por desprestigiar y demonizar una serie de creencias que no le eran favorables a sus intereses.

De todas formas, aquí el autor de este humilde blog es un romántico, por ello me gusta creerme en parte ciertas historias, sobretodo aquellas que llenan de magia y encanto algunos lugares, y que, tímidamente, consiguen provocarte un escalofrío cada vez que piensas o te adentras en ellos. Por eso, ¿sabéis que respondían las brujas al título de esta entrada?, “ojalá tengas tan lejos los huesos de la carne como estás de ella”.

lunes, 18 de julio de 2011

75 años de polvo

Tal día como hoy, hace 75 años, parte del ejercito español se sublevó contra el gobierno de la segunda república española, llevando a cabo un golpe de estado que fracasó y que desencadenó en la tan conocida guerra civil española, con su también conocido resultado, una oscura etapa de 36 años que sufrieron muchísimos españoles.

Muchas cosas han cambiado desde entonces, pero lamentablemente no las suficientes. Pero lejos de querer perderme por esos derroteros, sí quisiera centrarme en un aspecto concreto bastante importante que llevamos cargando como un lastre toda la sociedad desde la transición, y este aspecto es la tan controvertida memoria histórica.

La realidad en España es que tanto por parte republicana como por parte sublevada existieron numerosas bajas, cifrándose estas entre 500.000 y más de 1.000.000 de personas. ¿No resulta curioso que no exista una cifra real concreta?, bueno, pues aquí llega el debate. Las bajas del bando sublevado están bastante bien documentadas, ya que al finalizar la guerra civil el régimen franquista elaboró un exhaustivo estudio que recoge a las personas asesinadas por los republicanos, identificando a las mismas y otorgándoles todos los honores en su muerte. Dicho estudio cifra en 38.563 las personas asesinadas por la represión republicana. Mientras tanto, el mismo régimen que llevó a cabo dicho estudio silenció la represión a la que sometió al bando republicano (y personas afines a él) en la guerra y durante la dictadura, haciendo hoy en día que la tarea de cifrar estas muertes sea bastante ardua. No obstante, el historiador Paul Preston calculó el número de muertos en 200.000, mientras que el juez Baltasar Garzón elaboró un listado junto con los ayuntamientos españoles en el que cifra a los asesinados en 143.353 personas, siendo estos datos no muy fiables ya que según sus propios autores todavía faltarían muchos nombres y a la vez podría haber nombres que estuviesen duplicados.

Sabiendo esto nos podemos dar cuenta de que actualmente en España existen numerosas personas que han sido enterradas con honores, y otras muchas que, al contrario que las primeras, siguen siendo polvo en cunetas de caminos y fosas comunes. Por ello creo que deberíamos empezar seriamente a abrir fosas comunes para rescatar del olvido a aquellas personas que, al igual que nosotros, merecen un respeto. Todo esto no creo que sea remover la mierda pasada, sino curar la herida que sigue abierta para así, al fin, calmar las angustias y pasar página de una vez por todas.

sábado, 19 de marzo de 2011

Umbralejo, vuelta a los orígenes

La semana pasada tuve la magnífica oportunidad de poder pasar toda ella en un pequeño pueblo de Guadalajara llamado Umbralejo. Este pueblo, como tantos otros repartidos por nuestra geografía, sufrió un exilio masivo en los años 60 del pasado siglo, con la mala suerte de que a finales de aquella década quedó completamente abandonado, pasando, unos años más tarde, a manos del estado. En ese momento empezó a utilizarse para realizar cursos y actividades de concienciación y sensibilización hacia el entorno natural y el patrimonio cultural.

Plaza de Umbralejo

Durante esa semana aprendí (junto a mis compañeros) a hacer cestas de diversos tamaños y formas a partir del mimbre y la médula que nos da la naturaleza, a realizar encuadernaciones a partir de hojas de papel e hilo, a construir muros de piedra sin utilizar otro conglomerante que no fuese el barro, a reparar utensilios de labranza utilizando la fragua, a obtener telas a partir de hilo, a obtener hilo a partir de lana, a elaborar ungüentos medicinales con romero, lavanda y vaselina y, sobretodo, aprendí que no nos hacen falta "las cosas" para ser felices.

Ahora os podéis preguntar: ¿y eso a ti que te aporta?, si ahora todo eso que has mencionado lo tienes en las tiendas por muy buen precio y una calidad óptima. La respuesta es sencilla: libertad. Si la sociedad de hiperconsumo en la que vivimos tiene alguna característica que destacar, esa es la dependencia, pues nos hace dependientes de los productos que compramos para nuestro disfrute y subsistencia. Imaginar ahora que pasaría si los supermercados no pudiesen ser suministrados de productos y las industrias del ocio y la comunicación dejasen de funcionar, entraríamos en un estado de subsistencia, ya que deberíamos elaborar nuestros alimentos y bienes fundamentales además de entretenernos sin películas, internet o videojuegos. Sería entonces cuando todo ese conocimiento tradicional que hemos sacrificado por nuestra maravillosa sociedad de hiperconsumo volvería a revalorizarse, es más, sería crucial. Cierto es que este panorama es bastante utópico hoy por hoy, pero vale la pena imaginarlo para dar verdadera importancia a aquellas cosas que menospreciamos por ser rurales y anticuadas.

Entorno de Umbralejo

A parte de que el conocimiento en labores tradicionales nos aporta libertad por no tener que depender de ese intercambio entre monedas y bienes o servicios, también nos ayuda a autorealizarnos, ya que hoy en día todo el mundo es capaz de pasar una tarjeta de crédito, pero no todo el mundo sabe como tallar la piedra o hacer aceite, y esto es algo que nos ayuda a crecer mucho; tanto, que me atrevo a decir que, aún comprándonos el coche de nuestros sueños, no sentiríamos la misma satisfacción que al hacer una buena cesta de mimbre con nuestras propias manos.

Así pues, sólo me queda animaros a que recuperéis aquellas labores tradicionales que más os gusten si podéis o tenéis la oportunidad, ya que son pequeñas joyas que hemos ido tirando por el camino del progreso, quizás cegados por el brillo de aquellas nuevas que nos prometían.

sábado, 19 de febrero de 2011

Tierra prometida

Es, cuanto menos curioso, pensar en la crisis económica actual dejando de lado la burocracia, para así no calentarnos mucho la cabeza y poder distinguir el hilo de la película sin que ningún come-palomitas nos distraiga. Así pues empecemos:

Víctor es un castizo cordobés de 55 años, dicharachero y de piel tostada por el sol. A los 20 años de edad y después de hacer un curso de fito sanitarios en la escuela de artes y oficios de su ciudad consiguió, no sin antes tener unas cuantas decepciones, entrar en una cooperativa agrícola para así dedicarse al cultivo de la aceituna. Nunca contempló la opción de estudiar algo que no fuese lo básico, ya que "hay quién vale, y quién no pues a galeras a remar" se decía de vez en cuando riéndose de su propio ingenio. Dos años después, en plena campaña invernal de recolección de la aceituna, Víctor conoció a su futura esposa, Susana, una chica muy "salá" que regentaba en la verdulería de su madre, donde entre otras cosas vendían las aceitunas que Víctor recolectaba.

El tiempo pasó, Víctor y Susana consolidaron su amor en el altar, y entre unas olivas y otras a la que se dieron cuenta tenían dos preciosos hijos de ojos oscuros y cabello ondulado. Un día como otro cualquiera, mientras Víctor almorzaba su bocadillo de chorizo debajo de un olivo, escuchó decir a un compañero de cuadrilla que su primo Joaquín se había ido a trabajar a un pueblo de Castellón, "a hacer azulejos pa los pisos" dijo, y que se ve que Joaquín estaba "de puta madre el tío", tan de puta madre que hasta se había "metido en un piso con la mujer y los críos"; tan bien veía a su primo Joaquín que hasta él mismo estaba planteándose el dejarse la oliva e irse "pallá", porque según se decía "aquello iba parriba, vamos, que salias de casa y te contrataban pa currar".

Todo esto intrigó a Víctor, así que se informó como pudo sobre el tema y lo habló con su mujer. En Córdoba no estaban mal, vivían de alquiler en un piso algo viejo pero funcional, y el sueldo de ambos les daba para pagar las facturas, comer y vestirse, aunque fuese con ropa del mercao. No obstante, sabía de buena tinta que un sueldo en la cerámica era mucho mayor que en la aceituna, y que requerían mucha mano de obra, por lo que tanto él como su mujer podrían trabajar sin problemas nada más llegar. Además aquel territorio ofrecía muchas más posibilidades de futuro para sus dos pequeñas joyas, "así los críos podrán ser alguien de provecho, y no tendrán que doblar el lomo como su padre", le decía Víctor a su mujer.

Así pues y atando lo justo y necesario se vieron la familia al completo viajando en su Peugeot 205 rumbo a Alcora, la tierra prometida. Una vez empezaron a aparecer las imponentes fábricas de azulejos, con sus metálicas estructuras y rectas líneas, Mateo, el pequeño de los dos zagales exclamó sorprendido "¡mira mama, de aquí es de donde salen las nubes!" al ver la densa humareda blanca que salía sin cesar de las múltiples chimeneas, exclamación esta que hizo reír un buen rato a la ilusionada familia. Bajo este panorama de esperanza, descubrimiento e incertidumbre la parentela cordobesa se instaló en un piso de alquiler, buscó y encontró trabajo y todo fue, poco a poco, tomando forma.

El tiempo continuó pasando, Víctor y Susana trabajaban a turnos en la misma fábrica y los niños ya iban al instituto. Todo iba viento en popa, incluso habían conseguido ahorrar una modesta, pero grata, cantidad de dinero en el banco; así pues, ¿por qué no tener de una vez por todas nuestro propio nido?, se preguntó el matrimonio. Con esta idea en la cabeza se metieron en una hipoteca que terminarían de pagar a los 67 años, pero, "qué cojones, sin un piso pa nosotros no me voy yo pa la tumba" se decía Víctor.

Así, y año tras año, fueron pagando la hipoteca y las demás facturas, ajustados pero sin excesivo apuro, pudiéndose incluso permitir el lujo de financiar la compra de un coche nuevo, ya que el Peugeot 205 con el que vinieron de Córdoba hace ya unos años estaba "pal arrastre", el pobre. Un buen día, mientras Víctor almorzaba su bocadillo de chorizo sentado junto a un palet de azulejos, escuchó decir a un compañero de turno que "la cosa parece que flojea", que "ya están hinchándonos el horario con vacaciones por no pagarnos las horas" y que había "escuchao al jefe decirle al encargao que les está costando sacar el material, que las obras san parao". Ese mismo día Víctor, algo inquieto, encendió la televisión para mirar las noticias y escuchó, sin mucho interés, al presidente del gobierno y a "cuatro chupatintas más" decir que España había entrado en recesión económica, pero que no nos asustáramos porque eso era algo cíclico; "a ver cuando ostias aprende esta gente a hablar en cristiano, cojones", dijo entonces con voz ronca el antiguo aceitunero.

En poco tiempo la incertidumbre se transformó en temor, y éste se extendió por todo el sector azulejero (entre otros) como si los trabajadores fuesen pólvora. No tardaron en llegar los primeros despidos, y a la que Victor y Susana se quisieron dar cuenta estaban haciendo cola en la oficina del INEM. La empresa no les pagó todo lo correspondiente de sus despidos ya que se declaró insolvente, y el paro de ambos, como si de un reloj de arena se tratase, llegó a su fin. Fue entonces cuando el banco, tan amable en su día al concederles la hipoteca, les embargó el piso que llevaban años pagando con el sudor de su frente, sin pestañear, con todas las de la ley, así a las bravas, y por supuesto, sin devolverles ni un euro de lo que ya habían pagado del mismo.

El mismo día del embargo, mientras Víctor y su familia llevaban sus pertenencias al piso de un compañero de trabajo que les dejaba quedarse allí un tiempo, el desconsolado padre de familia escuchó en la radio, cabizbajo, que el gobierno destinaría un porrón de miles de millones de euros a los bancos para salvar la economía nacional y encauzar la situación actual. Entonces Víctor se cabreó, se cabreó mucho, porque una cosa es ser un currito y otra es ser gilipollas; "llevo 30 años cotizando en las putas arcas del estao, y ahora esos cuartos se los dan a los que me han quitao la casa donde vivir, ¡hay que joderse mecagüen la puta!".

Al poco tiempo y con el cabreo reconvertido en resignación y frustración, Víctor, Susana y sus dos hijos se montaron en un tren y regresaron a la tierra que les vio marchar en su día, con el alma rota y el corazón remendado, sin saber a quién echar la culpa, pero con una cosa muy clara en sus mentes: tarde o temprano uno se da cuenta para quién son las chuletas y para quién las sobras.

sábado, 22 de enero de 2011

Las empresas del Tercer Reich

Muchas de las empresas más rentables y reconocidas hoy en día poseen, si nos ponemos a buscar, un inicio empresarial no muy brillante. Tanto fabricantes de automóviles, empresas de ropa y colonias, farmacéuticas y muchas otras alcanzaron el éxito empresarial gracias a la vinculación directa con el Tercer Reich, quién en su día las contrato para que suministraran, cada una en su sector, los productos necesarios para culminar con éxito el ambicioso plan nacional socialista.

Un ejemplo claro de esto es la marca Volkswagen, la cual se lucró fabricando coches militares para el régimen nazi. Su historia empezó cuando Hitler, en el año 1933, se entrevistó con Ferdinand Porsche para conseguir que se desarrollara un coche "para el pueblo" o "Volkswagen", y lo cierto es que lo consiguió. El coche desarrollado fue el Volkswagen Tipo 1, pero su uso principal no fue el buscado en un principio, sino que se utilizó mayormente como vehículo militar en las acciones del Afrika Korps, en el norte del continente africano. No obstante, este empujón de producción militar fue el trampolín que lanzó a esta empresa automovilística al reconocimiento colectivo y a la consolidación como marca.

Algo, cuanto menos curioso que mencionar, es que en los bombardeos aliados a las industrias alemanas las fábricas de Volkswagen terminaron en escombros, mientras que las del estadounidense Henry Ford, quién al igual que Volkswagen suministraba (en este caso capital privado) al Tercer Reich, apenas fueron tocadas.

Otro ejemplo de empresa con pasado oscuro es la de la marca Hugo Boss, tan prestigiosa y distinguida en estos días. Dicha empresa se fundó en 1923 en Metzingen, donde Hugo Boss instaló una sastrería; no le fue muy bien ya que en 1930 tuvo que declarar la quiebra del negocio a causa de la crisis instalada en Alemania. En el año 1931 Hugo Boss se afilió al partido nacional socialista y en 1933 dicho partido alcanzó el poder; a partir de este momento la actividad empresarial de Hugo Boss fue un camino de rosas, ya que empezó a vender ropa para los civiles y más tarde fue el encargado de confeccionar los uniformes para las Juventudes Hitlerianas, las SS, las SA y las Wehrmacht.

Bayer tampoco se libra de su espinoso pasado. La famosa farmacéutica alemana, antes de la primera guerra mundial y once días después de lanzar al mercado su mundialmente conocida Aspirina, presentó a la sociedad un jarabe para la tos basado en una sustancia llamada diacetylmorphine, que más tarde paso a llamarse Heroína, nombre que utilizaba comercialmente. Bayer también fue coautor, junto al conglomerado de industrias químicas alemanas IG Farben, del gas Zyklon B, utilizado en las cámaras de gas para quitar la vida a millones de personas; y todavía más, en el campo de concentración de Auschwitz dicha empresa experimentó con seres humanos, hecho que le costó siete años de prisión (si, sólo siete años) al entonces director de la farmacéutica Fritz ter Meer. A Bayer también se le atribuye la creación del gas mostaza (un arma química) y del Tabun (un gas nervioso).

Otras empresas como IBM, BMW y Siemens también alcanzaron el éxito por producir al Tercer Reich. Así pues, vemos que la economía empresarial es igual que un ser vivo, el cual debe adaptarse a los tiempos que corren o condenarse a morir, aunque esos tiempos sean terribles. 

miércoles, 27 de octubre de 2010

Vallanca, un ejemplo de despoblación rural.



Supongo que todos los que seáis lectores asiduos de este blog conoceréis ya Vallanca, ya que al menos un servidor no para de hablar de ella, así pues me ahorraré explicaciones sobre su situación geográfica y demás datos más o menos conocidos, aun así dejo aquí un enlace con toda su información detallada.


Un reciente estudio de la ONU afirma que más del 70% de la población mundial vivirá en ciudades en el año 2050, y en el caso de España este estudio no va muy desencaminado. Sin ir más lejos solo nos hace falta recordar de donde provienen nuestros padres y abuelos, ya que así nos daremos cuenta de que si unos no son de algún pueblo de Teruel serán de un pueblo de Castellón, y sino de alguno de Valencia, etc. Pensando en esto y mirando un poco a nuestro alrededor salta a la vista un hecho incuestionable: El medio rural español se está despoblando.


Con esta idea en la cabeza y examinando la historia de Vallanca con un poco de atención observaremos que esta villa es un ejemplo claro de despoblación rural. Mirando la gráfica podemos ver (clicar sobre la imagen para ampliar) que en el año 1.910 Vallanca alcanzó su número máximo de vecinos con 1.143 censados, y que a partir del año 1.920 da un bajón demográfico sin precedentes, llegando en 1.986 a la cifra de 300 vecinos. Este crack de población en el cual se pierden 843 vecinos en apenas 60 años coincide con el florecimiento industrial y el boom de población en las actuales grandes urbes.


Barcelona, Valencia, Castellón, Zaragoza y en menor medida Madrid fueron las ciudades "paraíso" de los emigrantes vallanqueros, los cuales emprendían el viaje ilusionados y a la vez asustados al ver que se metían de lleno en las bulliciosas y cosmopolitas capitales de comunidad o provincia, dejando atrás la dura vida agrícola y con ella a sus amadas familias. Así pues no es de extrañar el toparse hoy en día con bares, comercios e industrias regentadas por vallanqueros o hijos de estos que ya en su día marcharon en busca de un futuro más esperanzador que el que les ofrecía su pueblo.

Todo esto tuvo su razón de ser en una España difícil que quería subir el listón, pero hoy en día que nos encontramos en un nivel de vida más o menos acomodado deberíamos replantearnos si queremos sacrificar nuestras raíces y su cultura por el crecimiento de las grandes ciudades, aunque parece que la administración competente tiene esto muy claro.

Me gustaría comentar los principales problemas del medio rural y las posibles soluciones, pero creo que ese tema lo dejaré para otra entrada en la que me asesore mi gran amigo y tertuliano Joan, ya que si alguien entiende sobre fluctuaciones demográficas, necesidades urbanas y soluciones a medida es sin duda él.

Un saludo.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Ruido mañanero

Ruido mañanero, desde el calor de la cama te escucho,
caprichosa sinfonía es la que suena según donde se encuentre mi almohada, así pues te describiré desde donde es más maravillosa tu canción, mi lecho más rural...

Antes de los primeros rayos solares, todavía en el alba, golpes entremezclados suenan, toscos, rotundos, como si el metal y la madera volviesen de su libertinaje nocturno. Si continuamos atendiendo al ambiente escucharemos alguna tos, algún carraspeo... algún paso de botas curtidas por su dueño.

Ya con el primer rayo de sol saludando a los madrugadores
una pesada y austera puerta se cierra, no sin antes ser acompañada por su coro de lamentos de bisagras, ya cansadas de soportar el peso de su inseparable compañera.

Y como si de una poesía se tratase, en su última estrofa puede distinguirse el cierre de un cerrojo primigenio de tres vueltas de llave, al que le siguen aquellos pasos de botas curtidas que se alejan, perezosas pero firmes, hacía el huerto que tantas alegrías dará.

Ya entonces las golondrinas hacen su aparición, como queriendo anunciar que la mañana es demasiado bella para dormir. También aparecen, como contagiadas por la energía solar, las primeras conversaciones del día, las cuales son tan triviales como la propia austeridad de quienes las hablan.

A partir de este punto se percibe algún motor estancado en el tiempo, algún maullido conocido, algún aletear de palomas, algún recadero matinal... ruidos, en definitiva, que te hacen ver y sentir que el mundo a tu alrededor continua, y que te invitan a formar parte del concierto, a tu manera, con tus notas, improvisando.




viernes, 4 de septiembre de 2009

Los diez mandamientos de España

Lo que hoy voy a escribir va en homenaje a mi vecino José, pues fue él quien me lo contó por vez primera. A él se lo contaron uno de aquellos días en el que el pan se ganaba corbella en mano, segando de sol a sol. Ahí va.




Los diez mandamientos de España.




Primero. España pobre y sin dinero.


Segundo. La revolución por todo el mundo.


Tercero. Echa la mejor res al caldero.


Cuarto. Ninguno come y todos están hartos.


Quinto. Aprieta bien el cinto.


Sexto. Es verdad todo esto.


Siete. La contribución que apriete.


Ocho. Tanto aprieta que se rompe el corcho.


Nueve. Todos hablan y ninguno se atreve.


Diez. De un rabo escoba sale un juez.




Ignoro cuantos años de vida pueden tener estos mandamientos, pero es curioso comprobar que no están muy desfasados en la actualidad.