viernes, 27 de junio de 2014

El diablo poeta


Tanto la amaba, tan fuera de su alcance la veía, que hizo un trato con el ser más pasional y dramático que ha visto la creación. Tanto la amaba que aquella noche lo invocó, y aquel polvoriento y destartalado salón fue testigo de su presencia. Tanto la amaba que el diablo poeta apareció.

El trato era sencillo. El diabólico ser condenaba al apasionado conquistador con la maldición de todo poeta; un corazón de más. A cambio, ella se enamoraba perdidamente de él.

El galán conocía sobradamente los riesgos de tal pacto. Sabía que a partir de ese momento sus emociones se desbordarían sin control alguno, sabía que se haría amante de los extremos, sabía que viviría y moriría por amor. Lo sabía, pero en su mente sólo estaba ella.

Por otro lado, el diablo poeta sonrío satisfecho. Eran las pasiones exacerbadas, los dramas y las profundas melancolías aquello que lo nutrían y lo mantenían con vida. Conocía bien cómo terminaría la historia, lo había visto miles de veces. Célebres obras se escribieron inspiradas en las consecuencias de sus fatales tratos.

Fue así como aquella noche, en aquel preciso instante, tuvo lugar el inicio y el final de su intensa historia de amor.

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